“El cerebro puede regenerarse mucho más de lo que creíamos”

Lawrence Steinman, investigador y Prof. De Neurología de la Universidad de Stanford.

Tengo 67 años: suficientes para ser niño cuando lo necesito. Nací en Los Ángeles y ayudaba a mi padre en la farmacia. Estoy casado con mi amor de bachillerato. La derecha de EE.UU. no cree en la ciencia, así que soy de izquierdas: la salud es de todos y no sólo de quienes negocian con ella.

 

¿Qué le está descubriendo hoy nuestro cerebro?

Cuando yo era estudiante no había ningún medicamento para la esclerosis múltiple, y hoy tenemos más de veinte testados que actúan en la primera fase y empezamos a averiguar qué pasa en la siguiente…

¿Cómo pueden penetrar en el cerebro?

Hoy en Stanford tenemos una técnica para implantar una fibra óptica en el cerebro de un ratón y ver cómo funciona.

¿Ven actuar su cerebro en directo?

Además, analizamos en detalle la retina humana, que también forma parte del cerebro. En Stanford, desarrollamos, además, nuevas técnicas bioquímicas para analizar las proteínas producidas por los genes.

Supongo que avanzar en una enfermedad da claves para desentrañar otras.

Por eso no dejamos de poner en común todo lo que aprendemos. Al investigar la esclerosis, vimos que son los glóbulos blancos los que atacan el cerebro, así que, si los mantenemos fuera de él, reducimos los daños. Esa misma estrategia la aplicamos contra el ictus con un solo medicamento que se ha de administrar con urgencia tras un ataque.

Bueno es saberlo.

Estamos comprobando que el cerebro es capaz de regenerarse más de lo que creíamos.

¿Cómo?

Tratamos de colocar alguna de las moléculas que hemos descubierto que son regeneradoras en el lugar preciso del cerebro. Si lo logramos, podríamos obtener una gran mejoría en enfermedades degenerativas como son la esclerosis lateral amiotrófica o el Parkinson.

¿Cuáles son esas moléculas resilientes?

Son muy simples, porque el cerebro para comunicarse utiliza moléculas muy pequeñas, como el monóxido de carbono…

¿Lo del escape de los coches?

Sí, y nos envenenaría en un garaje, pero en cantidades ínfimas reduce la inflamación del cerebro y, combinado con compuestos de azufre, actúa como neurotransmisor.

La medicina está en la dosis

También investigamos cómo una dosis mínima de otra molécula pequeñísima llamada cristamina podría mejorar enfermedades como el corea de Huntington.

¿No era hasta hoy mortal la necesidad?

Lo era, pero la cristamina se está empleando ya y obteniendo resultados prometedores en ensayos clínicos.

Si vivimos más, también será inevitable que haya más enfermos neurológicos…

Si superamos los 90 años de esperanza media de vida, aumentarán dramáticamente los enfermos de alzheimer y demencias.

Espero que ustedes también aceleren.

Biogen tiene un anticuerpo dirigido a los primeros depósitos de amiloides del cerebro, que son esas placas de residuos de moléculas que acaban causando alzheimer, y parece que ha obtenido datos muy optimistas en las primeras fases. Es noticia.

Y muy buena: gracias, doctor.

Estamos descubriendo más cosas sobre los amiloides y sus complejidades: no siempre y no todos son perjudiciales, porque algunos tienen capacidades regenerativas y, al colocarlos en el cerebro de animales que sufren ictus, enfermedades oculares, o circulatorias, como las isquemias, los mejoran.

¿Otras posibilidades de regeneración?

A muchos les sorprenderá oírme hablar bien de los amiloides, pero es que el cerebro, una vez dañado , también genera amiloides beneficiosos, como la insulina y la proteína ocular alfa-cristalina, que desempeñan un importante papel protector.

¿Puede aventurar fechas y resultados?

Avanzamos mucho, pero el ciudadano debe entender que entre el conocimiento y el medicamento transcurren veinte años y sólo si se arriesgan en él cientos de millones. En cambio, los héroes del momento son los creadores de tecnologías digitales, que generan beneficios inmediatos sin gran inversión.

Además, Facebook no salva vidas.

El gigante de la medicina Jonas Salk logró frenar la poliomielitis en 1954 inyectando virus muertos a millones de niños. Si hubiera fracasado, habría sido una catástrofe. Y realizó las primeras pruebas con niños que sufrían enfermedades cerebrales graves.

Hoy no le permitirían ni imaginarlas.

También por eso nos cuesta tanto avanzar: los controles de seguridad son eshaustivos…

Y se quejan si experimentan con ratas.

Muchos de quienes dicen defenderlas, si ven una rata en su casa, la matan a escobazos.

¿Qué otros medicamentos está desarrollando usted ahora en Stanford?

Nosotros descubrimos el Tysabri (natalizumab), hoy aprobado para la esclerosis múltiple, y seguimos trabajando – se lo aseguro – contra reloj. ¿Quiere ahora hablar de arte?

¿…?

Mire este Mondrian…Es orgánico, como las raíces de un árbol y como nuestro cerebro.

Una pintura fascinante.

Me ha inspirado muchísimo en la investigación de enfermedades neurológicas.

¿Qué le sugieren esos árboles pintados?

Es la diseminación del ser en partículas arraigadas. Se atomiza, igual que una enfermedad cerebral, para atacar a todo el organismo desde su raíz…

 

Energía que se une

Entre el alud de ofertas de entrevistas, la del doctor Steinman, excepcional, me había pasado desapercibida, pero nuestra sociedad civil sabe corregirme: me llama Maria Reig; el doctor Villoslada; los amigos afectados de esclerosis de GAEM y Vicens Oliver, su presidente entusiasta…¡Gracias! Logran que sea yo quien persiga a Steinman -¡un carácter!- por los pasillos de CosmoCaixa: me dice que no tiene tiempo para periodistas; que le urge una videoconferencia con Stanford…Le echo paciencia y humildad…Y acabamos hermanados por la similitud epifánica de los árboles del pintor Mondrian con nuestro cerebro: somos energía, amigos, y, si la unimos, no suma, multiplica.

Fuente original:La Vanguardia