Dormir poco y mal en la adolescencia está relacionado con un mayor riesgo de padecer esclerosis múltiple

“Una cantidad de sueño insuficiente y de baja calidad durante la adolescencia parece aumentar el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple en la edad adulta”. Con estas palabras contundentes, un grupo de científicos del Departamento de neurociencia clínica del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, resume las conclusiones a los que han llegado estudiando unos 2000 pacientes afectados por esclerosis múltiple en ese país.

 

El artículo científico, publicado en el Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry hace unas semanas, ha generado mucho debate. Como subrayan los mismos investigadores autores del análisis (Torbjörn Åkerstedt, Tomas Olsson, Lars Alfredsson, Anna Karin Hedström), hasta ahora ya se sabía que el trabajo por turnos estaba asociado con un mayor riesgo de padecer esclerosis múltiple. Sin embargo, no se había evaluado el impacto de los hábitos de sueño en el riesgo de padecer esta enfermedad degenerativa.

 

Lo que sí se sabía era que con la adolescencia hay cambios en el patrono del sueño. El estudio recién publicado, en cambio, concluye que un sueño de menos de siete horas y de mala calidad durante la adolescencia (entre los 15 y los 19 años) aumenta el riesgo de insurgencia de esclerosis múltiple en la edad adulta. Los investigadores también subrayan que un cambio en las horas de sueño entre los días laborables y el fin de semana no influye en la enfermedad.

 

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores suecos han estudiado una población de 2075 pacientes de hasta 70 años, cuyo comienzo de la enfermedad había estado después de los 20 años, reclutados en unidades de neurología hospitalarias y privadas. Además, los han comparado con 3164 personas que no padecen la enfermedad. Para valorar los factores de riesgo y el estilo de vida todas esas personas respondieron un cuestionario estandarizado recopilado a lo largo de varios años.

 

Según Pablo Villoslada, neurólogo líder del grupo de Neuroinmunología del IDIBAPS – Hospital Clínic y profesor adjunto en la Universidad de Stanford, y también miembro del comité científico de GAEM, en declaraciones a Science Media Centre España, “el grupo del Instituto Karolinska lleva años trabajando en la epidemiología de la esclerosis múltiple y hacen estudios muy rigurosos, como es este caso. En su estudio demuestran que dormir menos de siete horas aumenta ligeramente ese riesgo. Como ellos dicen, no quiere decir que esto sea la causa, podría ser la consecuencia de estar ya incubando la enfermedad”. Y observa que el estrés crónico debido a la falta de sueño podría regular de manera peor la respuesta inmunitaria, un factor estrechamente ligado al desarrollo de la enfermedad.

 

Como recuerda siempre en declaraciones a SMC España la jefa de Sección de Neurología y coordinadora de la Unidad de Esclerosis Múltiple en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, Celia Oreja Guevara, en estudios precedentes sobre enfermedades neurológicas ya se había observado “una relación entre la escasez de horas de sueño y su mala calidad y el riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas”. Y este estudio va en línea con estas conclusiones. Sin embargo, “como comentan los mismos investigadores, no han podido descartar al cien por cien otros factores como estrés o hábitos dietéticos”.

La coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Desmielinizantes de la Sociedad Española de Neurología y jefa de Sección de Neurología en el Complejo Asistencial de Ávila, Ana Belén Caminero, cree que “hay plausibilidad biológica para pensar que un sueño insuficiente y de mala calidad puede aumentar el riesgo de padecer esclerosis múltiple y contribuir junto con otros factores conocidos ambientales (hábito tabáquico, haber padecido mononucleosis infecciosa, exposición al sol, niveles séricos de vitamina D, índice de masa corporal en la adolescencia) a su desarrollo”. De hecho, añade, ya existen evidencias científicas “de que el sueño insuficiente y de mala calidad produce una serie de cambios celulares y moleculares que alteran la homeostasis inmune y la secreción de melatonina, todo lo cual incide en el desarrollo de enfermedades inflamatorias crónicas”.

 

Luis Querol, neurólogo especialista en enfermedades neurológicas autoinmunes y neuromusculares en el Hospital Sant Pau de Barcelona cree que, si bien el estudio “está metodológicamente bien planteado, implica un diseño vulnerable a diferentes sesgos, como el de selección. No se recoge cuál es el porcentaje de pacientes con esclerosis múltiple de todo el país que decidieron participar y responder a los cuestionarios. Por otro lado, el hecho de que la información respecto a la calidad del sueño de hace años fuera recogida retrospectivamente está sujeta a sesgo por diferentes motivos: el primero y más claro es que los pacientes pueden aportar respuesta influidas por su calidad de sueño o por su estado anímico actual y, además, porque aunque el diagnóstico de la esclerosis múltiple se hiciera años más tarde, algunos de los síntomas de la enfermedad, entre los que podría estar la fatiga o la calidad del sueño, pueden ser considerados incluso prodrómicos”.

 

En cualquier caso, hay otros factores de riesgo con peso mayor, como la infección por el virus de Epstein-Barr (que puede causar la mononucleosis). Por otro lado, valora Querol, las implicaciones concretas de este estudio, “incluirían la necesidad de garantizar una buena calidad de sueño a los niños y adolescentes, algo que, por otro lado, es una recomendación de salud general que, de cualquier manera, debería seguirse independientemente de su influencia en la esclerosis múltiple”.

 

Luca Tancredi Barone

 

El artículo científico publicado en el Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry.

La recopilación de voces expertas de SMC España.