Un nuevo estudio italiano presentado en ECTRIMS 2025 relaciona la exposición a este contaminante ambiental con un mayor riesgo de desarrollar esclerosis múltiple en niños y adolescentes.
Un reciente estudio presentado en el Congreso ECTRIMS 2025, celebrado en Barcelona, ha identificado una posible relación entre la exposición al ozono y el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple pediátrica (pedMS).
El trabajo, liderado por la Dra. Maura Pugliatti de la Universidad de Ferrara (Italia), forma parte del proyecto PEDIGREE, una iniciativa centrada en analizar los factores ambientales y genéticos que pueden estar detrás de la aparición temprana de esta enfermedad. Esta investigación suma una nueva pieza al conocimiento sobre la esclerosis múltiple (EM), sugiriendo que la calidad del aire es un posible factor de riesgo para los más jóvenes.
Un estudio pionero en EM pediátrica
El equipo de la Dra. Pugliatti evaluó los datos de 113 niños con EM pediátrica y los comparó con 117 niños sanos (grupo control). Esta información se cruzó con los niveles de contaminación del aire, obtenidos gracias al Programa Europeo de Monitoreo y Evaluación (EMEP).
Los resultados revelaron una asociación significativa: una mayor exposición al ozono en los años previos al diagnóstico se asocia con un incremento aproximado del 10 % en el riesgo de padecer EM pediátrica. Es importante destacar que esta relación se mantuvo firme incluso tras ajustar el análisis a otros factores conocidos, como la edad, el sexo, la exposición solar o el nivel socioeconómico.
¿Por qué el ozono puede ser un riesgo?
El ozono al que se refiere el estudio es el ozono troposférico (el que se encuentra en la capa baja de la atmósfera), un contaminante que se forma cuando los gases emitidos por vehículos e industria reaccionan con la luz solar.
Este compuesto es conocido por su capacidad de generar estrés oxidativo e inflamación, procesos que dañan las células. En el contexto de la EM, se cree que estos mecanismos podrían favorecer el desarrollo de una enfermedad autoinmune al atacar la mielina.
“Los niños son especialmente vulnerables a la exposición al ozono, ya que su sistema nervioso aún está en desarrollo”, explica la Dra. Pugliatti. “Nuestros hallazgos sugieren que este contaminante podría actuar como un factor de riesgo independiente para la EM pediátrica”, añade.
Implicaciones para la salud pública
Aunque esta es la primera vez que se demuestra esta asociación de forma consistente en población infantil, los investigadores insisten en que se necesitan más estudios y un seguimiento a largo plazo para confirmar los hallazgos. El equipo ya está planificando ampliar la investigación para incluir otros contaminantes tanto del aire como del agua, con el fin de entender mejor cómo estos elementos influyen en el sistema nervioso en desarrollo.
“La salud ambiental es, en esencia, salud pública. Si logramos entender los factores externos que contribuyen a la EM, podremos diseñar estrategias efectivas para reducir la exposición y proteger a los niños más vulnerables”, concluye Pugliatti.
Estos resultados subrayan la urgencia de mejorar la calidad del aire y promover entornos saludables desde la infancia. La evidencia científica continúa reforzando la idea de que la prevención de enfermedades neurológicas empieza mucho antes del diagnóstico: en la calidad del aire que respiramos, la alimentación y el entorno en el que crecemos.
Referencia:
Pugliatti M. et al. Exposure to ozone is associated with an increased risk of pediatric multiple sclerosis (pedMS): the PEDIGREE study. ECTRIMS 2025, Barcelona.
