Identificada una variante genética asociada a una evolución más agresiva de la esclerosis múltiple

Un consorcio internacional de investigadoras e investigadores ha publicado en la revista Nature una investigación clave sobre la esclerosis múltiple.

Los científicos han identificado en 22 mil pacientes una variante genética asociada con el grado de discapacidad más elevado observado en las personas afectadas.

Al haber identificado un mecanismo implicado en la progresión de la enfermedad, este descubrimiento es prometedor respecto a futuros tratamientos que ayuden a evitar o retrasar la discapacidad.

Los neurofilamentos, un biomarcador prometedor para predecir la discapacidad a largo plazo

Detectar la esclerosis múltiple lo más temprano posible es un factor clave para poder ralentizar su curso más eficazmente. Es por ello que muchas de las investigaciones más punteras se concentran en la búsqueda de biomarcadores fiables que ayuden de un lado a identificar la “enfermedad de mil caras”, como se conoce a esta dolencia que afecta a más de 50 mil personas en España, y del otro a hacer previsiones sobre su desarrollo con el tiempo. De hecho, esta patología no siempre progresa de la misma manera. En un reciente estudio publicado en la revista JAMA, un grupo de investigadores e investigadoras españolas ha estudiado los niveles de los llamados “neurofilamentos séricos” en muestras de sangre tomadas en los primeros 12 meses tras un primer brote de esclerosis múltiple. La investigación ha contado con 578 pacientes de ocho hospitales españoles, no tratados con fármacos modificadores de la enfermedad. Los neurofilamentos de cadena ligera, o NfL, son proteínas que forman parte del esqueleto celular de las neuronas, o citoesqueleto, la estructura de fibras proteicas que determina la forma de las células. Cuando hay un daño celular en este tipo de células, los NfL se liberan en el líquido cefalorraquídeo y de ahí llegan a la sangre. Su presencia indica un daño axonal que está teniendo lugar en el paciente, lo cual indica un deterioro importante de las células nerviosas. Esto implica que la enfermedad está más activa. La idea de los investigadores es que este biomarcador nos puede dar pistas sobre la evolución a largo plazo de la enfermedad. Ya es conocida su capacidad de predecir los fenómenos inflamatorios agudos, como los brotes, y la progresión de la discapacidad a corto plazo. Lo que no quedaba aún muy claro es si podían predecir el nivel de discapacidad a largo plazo. La respuesta es que sí. “En este estudio hemos analizado diferentes variables como el sexo, la Escala Expandida del Estado de Discapacidad (EDSS por sus siglas en inglés), la edad del primer brote, y los fármacos recibidos. Nos hemos dado cuenta que el mejor predictor son los neurofilamentos”, explica la Dra. Luisa María Villar Guimerans, Jefa de Servicio de Inmunología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y una de las autoras del estudio. Concretamente, explica la Dra. Villar, si se encuentra una concentración de estos filamentos de más de 10 pg por mililitro de sangre, el paciente está más en riesgo de tener una progresión de la enfermedad significativa a medio y largo plazo. Un pg, o picogramo, corresponde a una billonésima parte de un gramo (o 10-12 g). “Lo que hemos observado –explica Villar– es que, como ya sabíamos, cualquier tratamiento precoz contrarresta la progresión de la enfermedad. Además, para los pacientes que, según este biomarcador, están más en riesgo de desarrollar una alta discapacidad a largo plazo, el tratamiento que mejor contrarresta este riesgo es el de anticuerpos monoclonales”. En cambio, para los pacientes que muestran valores bajos de los neurofilamentos en la sangre, el riesgo de progresión de la enfermedad es mucho menor. “Estos resultados nos permiten reconocer rápidamente a los pacientes que necesitan un tratamiento de mayor eficacia”, enfatiza Villar. “Y esto nos ayuda a refinar aún más la selección de los tratamientos y a personalizar más las decisiones terapéuticas. Estos hallazgos refuerzan la información que podemos obtener de otros marcadores ya en uso”, explica. Según la investigadora, “el desafío que tenemos ahora es entender por qué estos biomarcadores son capaces de explicar el desarrollo de la discapacidad. Para hacerlo, los tenemos que clasificar y estudiar otros factores inmunológicos y serológicos y ver a qué se asocia esta alta actividad”. Los pacientes que se han incluido en este estudio no están tratados. “A veces –continúa la investigadora– el tratamiento apantalla cosas que están pasando. Nosotros queremos estudiar exactamente el mecanismo fisiopatológico que está detrás de la destrucción de estos neurofilamentos para avanzar hacia un conocimiento más profundo de la enfermedad”. El grupo de investigación de la Dra. Villar está también estudiando otros posibles biomarcadores, como la proteína GFAP, específica de las células cerebrales del astroglia, marcador que algunas investigaciones asocian a la progresión de la enfermedad; o las moléculas quimiocinas, pequeñas proteínas que son capaces de atraer linfocitos al sistema nervioso central cuando se daña; y finalmente también las células del sistema inmunitario en la sangre.     Luca Tancredi Barone   Fuentes: https://jamanetwork.com/journals/jamaneurology/article-abstract/2802051