Hombre sentado delante de una serie de exoesqueletos. El ABLE EXOSKELETON podría aplicarse a la esclerosis múltiple

Empresa crea exoesqueleto para devolver la movilidad en la EM

La empresa ABLE Human Motion acaba de conseguir el marcado CE de su primer producto, el ABLE EXOSKELETON para uso clínico en neurorrehabilitación, en virtud del nuevo Reglamento de dispositivos médicos (MDR). La aprobación significa que este exoesqueleto cumple con todos los requisitos de seguridad, salud y protección ambiental que deben cumplir los fabricantes y distribuidores para comercializar un dispositivo médico en la Unión Europea. Las primeras unidades del exoesqueleto se entregarán en julio a clínicas privadas de Barcelona, Madrid y Coruña. En un futuro, el ABLE EXOSKELETON podría aplicarse también para esclerosis múltiple.   Para entender por qué este logro constituye un motivo de esperanza para las personas afectadas por esclerosis múltiple, nos encontramos con Alfons Carnicero (Barcelona, 1992) en la sede de ABLE Human Motion en Barcelona.   (video: Maria Puig Pujol)   Apasionado del deporte (y de la ciencia) Construir exoesqueletos no siempre ha sido el sueño de Alfons. Cuando era más joven le gustaba sobre todo hacer deporte. “Pero también las matemáticas y la física”. Todo lo enfocaba en la misma dirección. Estudió ingeniera industrial con la idea, justamente, de mejorar las prestaciones de los deportistas de élite. Pero un buen día del año 2014, pasó algo que cambió para siempre la visión de la vida de este joven ingeniero. Su padre tuvo un ictus. “Me hizo replantearme todo mi futuro profesional, empecé a conocer el mundo de la rehabilitación de las enfermedades neurológicas”, explica. “Y me enfoqué hacia la ingeniería biomédica, en cómo la tecnología podía ayudar a que estas personas mejoren su calidad de vida”. Tras especializarse con un máster en el campo biomédico, es en ese momento de su vida que las prótesis empezaron a formar parte de su día a día laboral – mientras, afortunadamente, su padre ya se había recuperado del ictus. “Trabajé un tiempo en una empresa alemana en Hamburgo que construía prótesis para caderas y rodillas”, recuerda. Hasta que a finales de  2016 empezó a trabajar, de la mano de su profesor de la UPC, Josep Maria Font, en un proyecto para crear órtesis motorizadas de bajo coste, en una colaboración con la Universidad de Extremadura (UEX) y con la Universidad de Coruña (UDC). ¿Y qué es una órtesis? Se trata de un dispositivo externo aplicado al cuerpo humano que sirve para mejorar algún aspecto funcional o estructural, por ejemplo, mover una articulación.   El proyecto empieza a tomar forma No fue hasta un par de años después que Alfons tomó la decisión más importante de su vida: lanzar el proyecto que ahora le ocupa todas las horas del día. “Fue a través de la ayuda Caixaimpulse que pudimos estudiar la viabilidad del proyecto y decidir si valía la pena llevar nuestra idea al mercado”, explica Carnicero. “Me pasé un año entero entrevistando a pacientes, fisioterapeutas y doctores para entender cuáles eran las necesidades relacionadas con el uso de exoesqueletos para rehabilitación”.   No ha sido un camino de rosas ¿Y qué descubristeis? Vimos que los exoesqueletos robóticos funcionan, que son una tecnología realmente útil para mejorar la movilidad de los pacientes neurológicos, mejorando su proceso de rehabilitación y salud general, pero que tenían algunos problemas importantes. Primero, eran muy pesados. Esto hacía muy dificultoso llevarlos encima. Segundo, que también se tardaba mucho en ponérselos. Entre 20 y 30 minutos. Las horas de fisioterapias que tienen que hacer estos pacientes son pocas y muy caras: si se tarda tanto solo para ponerse el dispositivo, no se puede aprovechar bien el tiempo. Y tercero, que el precio era elevadísimo: unos 150.000 euros. ¿Cómo pensasteis que justamente vosotros seríais capaces de hacer frente a estos retos? Creo que hay un punto de ingenuidad, de optimismo desmesurado. Imagínate que al principio pensábamos que podríamos lanzar el producto al mercado en tan solo un par de años. Hemos tardado más de cinco. Quizás si en ese momento hubiese sabido que sería tan duro no habría ni comenzado. ¿Cuáles han sido los momentos más duros? Muchos. La búsqueda de financiación. Al no tener la certificación, hemos estado cinco años sin poder facturar nada, con la presión de ver cómo te vas quedando sin dinero, de pasar meses sin poder cobrar. Disponíamos de recursos limitados y el desafío técnico era muy complejo, necesitábamos contratar a mucha gente cualificada. En el camino, hicimos un prototipo que, habiéndolo probado solo con diez personas, pensábamos que ya estaba listo para ser el producto final. Pero nada más lejos de la realidad. Tras hacer un estudio clínico con 50 pacientes que lo utilizaron durante varios meses, nos dimos cuenta de que solo servía para un grupo pequeño de personas.   Los exoesqueletos de ABLE son más ligeros, baratos y fáciles de poner que los otros ¿De qué manera habéis sido capaces de hacer las mejoras que os habías prefijado? Principalmente, en ABLE Human Motion nos hemos centrado en el diseño de los motores de la cadera y la rodilla – es decir, los elementos que suplen la fuerza de los músculos – con una tecnología propia que desarrolla mucha fuerza en poco espacio. También en cómo con el mínimo número de sensores podemos interpretar la intención del usuario y realizar los movimientos del caminar de la forma más fisiológica posible. Y finalmente, se han dedicado esfuerzos a mejorar la usabilidad, con ajustes de tamaño sin herramientas y cintas textiles que se colocan con una sola mano. Esto ha mejorado de forma drástica el tiempo que necesitan los pacientes para colocárselo. Además, hemos desarrollado un software con una aplicación móvil que permite personalizar la terapia a las necesidades de cada paciente. Tenemos seis patentes internacionales que cubren todas estas invenciones. ¿Y cómo habéis conseguido bajar el precio y el peso, que era uno de vuestros objetivos? Además de con los motores, una de las maneras de hacerlo es simplificando el diseño sin perder la funcionalidad: diseñar las piezas de manera más simple y escalable utilizando los materiales adecuados. También mediante innovaciones como la “pierna de yoga”, que permite levantar una…