Testimonio de Irene Sánchez

El yoga no es la cura, es la esperanza

Esta fue la frase que me inspiraron los primeros 40 días de cuarentena. Mi nombre es Irene Sánchez, y tengo 27 años y Esclerosis Múltiple desde julio del 2018. Actualmente, teletrabajo a tiempo completo y soy la profesora de yoga y fundadora de la comunidad de Instagram y, ahora también Youtube, Yogiremedies by Irene Sánchez.

La Esclerosis Múltiple llegó a mi vida en Alemania, como lo hizo el yoga en mi nueva vida en España y el COVID19 al mundo entero. De forma imprevista, ocupándome mucho tiempo conmigo, robándome muchas de las cosas que creía que necesitaba y también como solución a muchos problemas.

Cuatro días después de empezar a quedarnos en casa, comenzaba mi segunda dosis del segundo tratamiento inmunodepresor, que por suerte recogimos antes de declararse el estado de alarma. Como el resto de personas de riesgo e individuos del planeta, tenía miedo. Antes de tomármelo, compartí mi primera meditación guiada en directo desde casa con mis guerreros de Instagram, que me han acompañado durante todo este tiempo.

Después, la práctica física de yoga, paseos y deporte, que eran hasta entonces mi refugio, dejaron de ser posibles, y mis días se llenaron de sesiones de yoga suave, cama y meditación. Estos meses han sido frustrantes, me he enfadado y he llorado. Ahora que me encuentro mejor, me doy cuenta de que era necesario y de que mi cuerpo pedía una pausa. Tan necesaria como lo era para la recuperación del cielo contaminado de Madrid, para avivar el verdor del campo y para impulsar la unidad que he visto en las terrazas de mis vecinos y que tanto echaba de menos en mi vida alemana.

Este virus se ha llevado y se sigue llevando muchas cosas, muchas vidas y energías, pero también ha traído tiempo para recapacitar, escuchar, conocernos a nosotros mismos, valorar lo que no veíamos y apreciar lo que siempre tuvimos para empezar de nuevo. Yo lo resumo en una palabra, meditar. En mi última visita al hospital esta semana, recibí la sonrisa de mis siempre apreciados sanitarios, y una muy especial, la de una encargada de la limpieza, que me preguntó por qué llevaba bastón y al presentarle a mi EM, se preocupó. Mi respuesta fue contarle mi historia y rematarla con un «tranquila, ella me devolvió a la vida.»

¿Qué mejor forma de terminar este testimonio y confinamiento con mi primera meditación guiada que ahora pongo por escrito? Recomendada para cualquier guerrero que me quiera acompañar y disfrutar de un lugar especial, el resto de los días que nos quedan con “libertad” restringida:

Elige 5 minutos de tu día, un sitio tranquilo, ropa cómoda, sentado o tumbado, con la espalda recta, apartando los aparatos electrónicos para tu momento. Puedes poner música o incienso.

Comienza activando tu cuerpo sin moverte, respirando. Concéntrate en la respiración ¿Está tranquila o agitada? Inhala y exhala libremente. Si tienes pensamientos, no te preocupes, deja de salgan. Cuando te sientas preparado, piensa en un lugar en el que te sientes a gusto, con un olor, un sonido, una persona o una temperatura que te lleve a la relajación. Dedícate una sonrisa por un instante, éste es tu lugar tranquilo, tu cuerpo es tu casa.  

Ahora sí, cierra los ojos y disfruta de tu lugar especial todo el tiempo que quieras. Respira conmigo y encontremos juntos el bienestar y salud que todos buscamos.