Ana Torrado y Vicens Oliver

Ana Torrado: “Todo lo que puedo, yo lo hago. Con una sonrisa”

 

Un día de hace 23 años, Ana estaba dando una formación en la empresa de seguros donde trabajaba. Era una joven brillante, con ganas de comerse el mundo, imparable. Con sus 27 años y una formación como maestra, ni conocía el sentido de la palabra “fatiga” o cansancio. Vivía en Galicia y empezaba a asomarse a una vida que no imaginaba especialmente complicada.

De repente, empezó a no ver bien de un ojo. En menos de 24 horas estaba tumbada en un hospital, totalmente ciega. Confusa, enfadada, preocupada.

La enfermedad le ha dado a Ana más de lo que le ha quitado. Ahora tiene una mirada más amplia, ha aprendido a parar, a cuidarse, a respetar sus tiempos. Y si encontrara a Ana de hace 23 años, esa Ana llena de miedo, rabia e incertidumbre, no duda: le abrazaría fuerte y le diría “No te preocupes, te vas a transformar en una persona mejor”.

 

Vicens Oliver: “Me costó dar el salto, pero lo hice. Probé ir en silla de ruedas”

 

En el momento que le diagnosticaron esclerosis múltiple, gestionaba una pequeña empresa familiar de tratamiento de aguas. La noticia le afectó de tal forma que no sabía realmente lo que era la esclerosis múltiple. Era una en una época en la que Internet aún no había empezado a fluir y no podía buscar información. Realmente no sabía lo que era.
En su etapa final de su vida profesional en activo, iba en muletas, pero aguanto poco porque no podía dar dos pasos. “Me costó dar el salto, pero lo hice. Probé ir en silla de ruedas. Por un lado, sentí que me daba más libertad. Pero, por otro lado, tenía el temor de que veía que cada vez podía andar menos. Y que sería más dependiente de la silla. Cambias el ser dependiente por la libertad y el poder desplazarte y disfrutar de la vida”.